Don Sixto y su pasión a los ferrocarriles


Don Sixto Pérez Morales, ahora jubilado por Ferrocarriles Nacionales, pasó muchos años de su vida entre ferrocarriles y rieles, situación que ha dejado en su memoria infinidad de recuerdos.
Nacido un 6 de agosto de 1927, en la calle Melchor Ocampo del municipio de Moloacán, Veracruz y sólo estudió hasta segundo grado de primaria. Vivió en Pueblo Viejo, perteneciente a Minatitlán, luego en el Kilómetro 40 finalmente en Tlacuilolapan.
Este hombre inició a trabajar en los ferrocarriles desde muy joven, iniciándose como trabajador general y con el tiempo comenzó a nutrirse sobre el manejo de las máquinas y las características de los rieles.
Siendo conductor de ferrocarriles, transportaba personal y fue de esta manera que conoció varios lugares. “En los ferrocarriles estuve por Mezcalapa, Tabasco”, recuerda.
Con el paso de los años, se ganó una plaza de guardavías o como él le llama “Segundo Mayordomo”, sin embargo por cuestiones administrativas de la empresa ferrocarrilera, era necesario que cambiara de residencia hacia el vecino estado de Tabasco y por ello pidió su liquidación, completando así un ciclo de 31 años, tres meses y 8 días en los ferrocarriles.
Entre anécdotas el veterano menciona; “La vida en ferrocarriles en ocasiones no había horario, ya que cuando se presentaba un descarrilamiento, a la hora que fuera teníamos que estar, día y noche arreglando las vías, me mandaban llamar y a darle, todo el día y hasta el otro día regresaba, pero me gustaba el trabajo”.
En cuanto su núcleo familiar, esta persona, ha dado a conocer que lleva 73 años de casado matrimonio del que surgieron 11 hijos, de los que siente ya fallecieron.
Dentro de sus vivencias, Sixto recuerda una que lo marcó de por vida “Me caí en medio de unos durmientes, ahí sentí que me tronó el pie, enseguida me llevaron al hospital, al seguro, ahí me dijeron que me iban a mochar la pierna, pero luego dijeron que no, que nomás estaba quebrada, me operaron, me pusieron unos alambres y quedé bien, regresé a trabajar. Con el tiempo esos alambres se fueron oxidando, pero cuando se dieron cuenta ya no se pudo salvar la pierna, así fue la historia”
Noventa años de vida tiene don Sixto, ha llevado toda una vida al lado de su esposa “mi viejita Justina García Lara” como cariñosamente la llama, dice “estar tranquilo”, difícilmente se comunica con su esposa, los dos están un poco sordos, ella, además, casi no ve. Con todo eso afirma que “Dios está con nosotros”.



